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¿Qué es un concurso de acreedores?

Seguramente, alguna vez se habrán preguntado qué es un concurso de acreedores. Pues bien, el concurso de acreedores es una fórmula prevista en la ley para ayudar a que empresas y personas físicas, que pasan por situaciones difíciles, puedan atender sus pagos. Es decir, el concurso de acreedores es un sistema que se emplea para paliar lo máximo posible los malos efectos de la quiebra sobre los acreedores y que éstos cobren el máximo posible de la cantidad que se les debe.

 

Para solicitar el concurso de acreedores hay que demostrar una situacion de insolvenciaPara solicitar el concurso de acreedores hay que demostrar una situación de insolvencia

Normalmente, cuando se realiza un concurso de acreedores es un juez el que interviene en el caso y nombra un administrador que negocia con los acreedores para ver cómo se pueden afrontar las deudas pendientes. El principal objetivo que se persigue con el concurso de acreedores es que las empresas conserven su patrimonio, es decir, que no desaparezca bajo ningún concepto la actividad económica, aunque los acreedores se queden sin cobrar todo o parte de lo que se les debe, o tengan que esperar mucho tiempo para cobrarlo.

El procedimiento, como ya hemos comentado, se lleva a cabo por un único juez y no cobra primero el acreedor que llega antes, sino que existe un principio de igualdad entre todos los acreedores. El concurso de acreedores lo pueden presentar tanto el deudor como el acreedor. Si lo presenta el deudor, es voluntario y si lo hace el acreedor, se denomina bajo el término de ‘necesario’.

Para poder acceder a la situación de concurso de acreedores, lo primero que hay que hacer es cumplir una serie de requisitos legales, recogidos en la Ley Concursal (Ley 22/2003), que ha sido modificada en los últimos años por el Real Decreto Ley 3/2009 y la Ley 38/2011. En estos requisitos legales se definen los términos para poder solicitar el concurso. Para solicitarlo, además, hay que demostrar la situación de insolvencia, no basta con tener un problema puntual de liquidez para afrontar el pago de deudas.

Cuando el juez decreta que efectivamente se entra en concurso de acreedores, la situación se hace pública a través del Boletín Oficial del Estado (BOE) y, a partir de la fecha de publicación, se abre un plazo en el que los acreedores tiene presentar en el juzgado la relación de deudas que el concursado mantiene con ellos, siempre acompañados de justificantes de las mismas. Una vez cerrado el plazo de presentación de deuda, el juez determina cuál se admite y cuál no, y rechaza las que no procedan (por defectos de forma o por no quedar debidamente justificadas) y define finalmente la deuda que entra en juego.

La deuda es negociada con los proveedores con el objetivo de alcanzar acuerdos para poder pagar en el mejor plazo posible y acordar reducciones de la cantidad adeudada, en lo que se viene llamando una quita. En caso de que se alcance acuerdo, se firma un convenio para el pago de la deuda a lo largo de los plazos pactados y el concursado puede continuar su actividad con toda normalidad, siempre que atienda los pagos según el nuevo plan previsto. Un claro ejemplo de esta situación lo hemos encontrado recientemente en el Deportivo de La Coruña, que ha salido del concurso de acreedores en el que estaba inmerso asumiendo una quita del 33% y un plazo de pago de 17 años.

El concurso de acreedores en las empresas FUENTE Actualidad Pyme

El concurso de acreedores en las empresas FUENTE Actualidad Pyme.

Como podrán ver, lo mejor de todo es que las empresas que salen de la situación de concurso de acreedores pueden seguir funcionando con normalidad. Hay empresas que han entrado en concurso de acreedores y que han pagado, poco a poco, lo adeudado y con una perspectiva bastante optimista. También hay otras que se han tenido que liquidar y no han podido continuar, pero hay que asumir que es parte del riesgo que se tiene y que estas cosas pueden pasar cuando a la empresa le han surgido imprevistos o cuando sus planes de negocio no han salido como se esperaba. Lo más importante es, ante todo, tener claro que, acabe como acabe, el concurso de acreedores no tiene por qué ser el abismo.

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