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¿Puede sobrevivir mi pyme a un concurso de acreedores?

Las pymes españolas son las grandes damnificadas de la situación económica actual y afrontar un concurso de acreedores puede ser la solución para evitar el cierre final. En los dos últimos años han desaparecido una media de 90 empresas diarias según datos de la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores. Hasta el momento, el concurso de acreedores no ha servido para paliar los malos datos; más del 90 % de empresas que se agarran a ese clavo ardiendo acaban liquidadas. Y la tendencia en cuanto al número de pymes afectadas es al alza. Sin ir más lejos, en 2013 casi 11.000 compañías se vieron abocadas a este proceso, un 6,4 % más que en 2012 según el Consejo General del Poder Judicial.

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Las pymes sometidas a concurso de acreedores ha ido en aumento.

Fuente: flickr.com

Sin embargo, se abren expectativas con la entrada en vigor del Real Decreto- Ley 4/2014 de Medidas Urgentes de Refinanciación y Reestructuración de Deuda Empresarial, ya que incorpora modificaciones importantes en la Ley Concursal. Su finalidad es la de refinanciar a compañías muy endeudadas pero viables para mantener el tejido empresarial garantizando su supervivencia con un sistema ordenado y equilibrado de acuerdo con los acreedores y un abanico más amplio de fórmulas de refinanciación. Y al parecer, la reforma no es definitiva. Según fuentes empresariales, el Gobierno modificará de nuevo la Ley Concursal para que las empresas que estaban sumergidas en el proceso cuando se aprobaron las modificaciones del mes de marzo se beneficien de sus ventajas para esquivar la suspensión de pagos.

La norma elimina impedimentos para que la pyme y sus acreedores lleguen a un acuerdo en la fase previa, antes de entrar en el concurso de acreedores. Recoge la facilitación de los aplazamientos en el pago de los créditos, la quita de deuda y que los acreedores canjeen esos pasivos por acciones de la empresa, convirtiéndose en socios. Son alternativas que permitirían sanear el balance de la empresa para acceder a la nueva financiación y puede mejorar la concesión de crédito bancario.

Otra novedad significativa es el acuerdo individual; la empresa puede pactar con un solo acreedor y sin la necesidad de la aprobación del resto un acuerdo de refinanciación o reestructuración de la deuda con la condición de que el acuerdo mejore la posición de la compañía. Es una figura de la que se beneficiarán especialmente las pymes, según se ha defendido desde el Ministerio.

Otras modificaciones que pueden resultar eficaces tienen que ver con los nuevos ingresos de tesorería, que se amplían al cien por cien, se admiten del deudor o personas relacionadas con el mismo y se protegen durante dos años a partir de los cuales serán considerados como créditos contra la masa. Además, no será precisa la intervención del experto independiente, pudiendo intervenir el auditor de cuentas de la sociedad y quedarán paralizadas las ejecuciones singulares promovidas por los acreedores de pasivos financieros si el 51 % de estos han apoyado el inicio de las negociaciones encaminadas al acuerdo de refinanciación.

Ante esta nueva situación, es conveniente preguntarnos si las modificaciones contempladas son realmente efectivas para garantizar la supervivencia de nuestra empresa. Pero lo realmente relevante, y lo que ha supuesto un final trágico a muchas pymes es haber llegado tarde al proceso concursal, presentado en un momento en que la empresa apenas tenía posibilidades de salvación. El tiempo corre en nuestra contra, y con su paso perderemos capacidad para afrontar las deudas contraídas y venideras.

Por eso, adelantarnos a los acontecimientos es una de las claves para salir a flote tras una situación financiera complicada en nuestra empresa. Cuando llegan los problemas económicos y ante una previsión negativa en el futuro próximo, está en nuestras manos solicitar el concurso de acreedores. Si cumplimos los requisitos legales correspondientes y demostramos nuestra situación de insolvencia, se abre el plazo para que los acreedores presenten la relación de deudas que el concursado mantiene con la empresa. A partir de ahí el juez determinará las admitidas y no admitidas (por defectos de forma o por no estar convenientemente justificadas). Una vez definida la deuda, se negociará con los proveedores para alcanzar acuerdos, pagando en el mejor plazo posible y acordando reducciones de la cantidad adecuada, fijándose quitas.

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Las modificaciones en la Ley Concursal pretende garantizar la supervivencia a empresas viables productivamente.

Fuente: pixabay.com

 

A menudo los concursos se presentan tarde, cuando ya no hay más remedio que liquidar la empresa, lo que puede explicarse por su “estigmatización” en España, donde es visto como un fracaso. En Arriaga Asociados le asesoramos sobre la conveniencia de iniciar el proceso de concurso de acreedores en su pyme. Confíe en nuestros profesionales llamando sin compromiso al teléfono gratuito 900 101 775 o en el correo contacto@arriagaasociados.com

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